viernes, 4 de marzo de 2016

RUTAS EL PRADO DE LUIS, RUTA POR EL VALLE DE LA FUENFRÍA NEVADO EN EL PARQUE NACIONAL DEL GUADARRAMA.




El invierno en el Guadarrama en lo que llevamos de 2016, estaba dando muestras de ser el más suave conocido hasta la fecha, desde que se tienen registros oficiales en la Sierra de Guadarrama. Resulta difícil entender esta suavidad extrema en los meses de Enero y Febrero, y la escasez de nieve en toda la zona, sino acudimos al consabido Cambio climático que avanza a pasos agigantados en lo que va de siglo, aunque todavía haya gente que no lo quiera ver. El caso es que este año, casi a finales de febrero, todavía no habíamos visto las cumbres de nuestras montañas nevadas de verdad,  durante más de uno o dos días, y esto unido a la falta de lluvia, hacía prever un verano complicado de sequía en nuestros pantanos y ríos. No se hablaba de otra cosa hasta hace solo unos días.


Visto el panorama, no habíamos perdido ni un día de ruta en todo el invierno, y desde El prado de Luis, estábamos preparando una nueva ruta invernal, pero sin nieve, por el Valle de La Fuenfría. Íbamos a realizar una travesía desde Las Dehesas de Cercedilla hasta El Puente de la Cantina, atravesando parte del Pinar de el Valle de la Fuenfría y parte del de Valsaín. Pero de repente, todo cambió. Esa semana empezó a llover a lo bestia, cayendo en un par de días más de 100 litros por M2 en varias zonas de nuestra sierra, y  en zonas altas más aún. Y parecía que al menos, la tendencia se rompía.  Pronto empezaron a bajar las temperaturas y a recordarnos la naturaleza que estábamos en invierno y que hasta el final, no se podía dar por acabada la estación. A la semana siguiente nevó algo, poca cosa, pero al menos se veían las montañas cercanas blancas. Así que tuvimos que aplazar la ruta prevista dos veces seguidas, por mal tiempo. Pero al menos, se veía un futuro prometedor. Y así fue, volvió a nevar,  esta vez algo más, y aunque en los pueblos fue muy poca cantidad, arriba en las zonas altas ya se veía mucho más blanco todo, así que tuvimos la suerte de que además, ese fin de semana, daban buen tiempo, y decidimos por fin, ir a ver la nieve que tan esquiva nos había sido en todo el invierno. Visitar el Valle de la Fuenfría siempre es una experiencia maravillosa, con sus frondosos pinares y rodeado de montañas por todos los lados, pero hacerlo recién nevado sería mucho mejor. De todos es conocido este lugar emblemático de la Sierra de Guadarrama, y la multitud de posibilidades de rutas que nos ofrece, y llegó el momento de plantearse por donde íbamos a ir, ya que, con el mono de nieve que había en el ambiente, imaginamos que coger sitio en la zona de Majavilán sería casi imposible salvo madrugón de primera, y que iba a estar todo a tope de coches y de gente. Decidimos pues, empezar nuestra ruta en Camorritos, que es un precioso lugar de Cercedilla, desde el cual, se puede acceder al Valle, a través de varias sendas estupendas, y con mucho menos gente. En todo tiene que pensar uno para hacer una ruta hoy en día por el Parque Nacional del Guadarrama, hay varias zonas muy masificadas  y muy mal comunicadas, con infraestructuras que aún, no son dignas del Parque Nacional. El caso es que fuimos sin problemas a Camorritos y desde allí salimos por el GR-10 que viene de Cercedilla por la vereda de las Encinillas que sube a Navarrolaque. Este es un lugar precioso, con un pinar magnífico que baja hasta los últimos chalets de esta curioso lugar que pertenece a Cercedilla. Como está muy alto, ya salimos con nieve desde el primer momento, a unos 1350 m. de altitud.
La senda de las Encinillas es un tramo del GR-10 muy vertical que une Camorritos con Navarrolaque,  el sendero transcurre bajo un denso pinar de Pino Silvestre en la zona baja del Pinar de Siete Picos. Hay otras sendas que salen del mismo lugar que son más tendidas pero más largas, y dependiendo del destino final del día, es mejor coger una y otra. En este caso , como mi idea era llegar cerca del Collado Ventoso, escogí esta que es más directa. Es bastante dificultosa pero en poco más de media hora puedes estar en Navarrolaque , una preciosa pradera a los pies de Siete Picos con unas vistas espectaculares sobre todo de esta montaña. Pero antes de llegar, hay varias paradas obligatorias en el camino. El recorrido es muy bonito, siempre bajo el pinar, pero de vez en cuando se asoma en miradores naturales  hacia Cercedilla y hacia Siete Picos, con una soberbia vista sobre esta montaña que es espectacular.
Al ser un día frío y con nieve, la subida se hace un poco más larga y pesada, pero cuando te quieres dar cuenta ya estás arriba, a unos 1700 m. La idea inicial que teníamos era acercarnos lo más posible a la vertiente norte de Siete Picos, para poder ver el paisaje espectacular de los pinos helados , cuando llevas a personas de ruta por algún lugar, tienes que diseñarla para que se disfrute lo más posible, de la belleza del lugar y sus paisajes, pero sobre todo siempre intentas estar cerca de la naturaleza y de los valores naturales que tiene el lugar, entendiendo su significado e intentando comprender el porque de las cosas, y este lugar tiene muchas cosas que ver y que explicar. No hace falta ir muy lejos ni hacer una ruta de alta montaña para eso pues todas estas cosas las puedes ver sin demasiado esfuerzo en este recorrido.

 En la nieve, sobre todo en las zonas poco pisadas, una de las cosas más curiosas y bonitas que puedes encontrar fácilmente son las huellas de los animales que andan siempre por allí. En un pinar, como este, cuando el hombre anda tan cerca, es muy difícil que estos animales se muestren ante nuestros ojos. Pero si observas con detenimiento el manto blanco, no es difícil ver huellas de sus habitantes, por que en la nieve, se queda siempre marcada la huella. En este caso vimos la huella y los rastros de los corzos buscando comida en estas circunstancias que no debe de ser nada fácil para ellos. Por otro lado, desde la propuesta de El prado de Luis, no entenderíamos andar por estos lugares sin pararse a disfrutar de los hermosos paisajes que nos brindan a cada momento las montañas que nos rodean y los detalles que vamos viendo por el camino.
Como dije antes, en los claros del bosque, que son pocos en esta zona, se abría ante nuestros ojos hermosos y espectaculares paisajes de nuestra sierra, como este en el que decidimos inmortalizar el momento, cada vez más cerca de los emblemáticos Siete Picos. Si no se para uno a contemplar estas cosas,  y a contar las curiosidades de la zona, de su vegetación o sus cimas, todo se convierte en algo rutinario, como si estuvieras paseando por una carretera o una calle de la ciudad o el pueblo. Puedes ver mil veces esta imagen, pero cada vez que vuelves por este lugar, sientes la llamada de la naturaleza y de la montaña, y al menos un servidor, no puede pasar de largo sin pararme a pensar por un momento, en lo bonito que es este paisaje, y en lo que siento cada vez que me fijo en esta preciosa montaña, que adoro desde pequeño, cuando pensaba que nunca, estaría tan cerca de ella, y menos con nieve. Ahora me siento feliz cada vez que lo hago. 

Al final llegamos sin problema a la Pradera de Navarrolaque. Allí junto a unas piedras nos tomamos algo para reponer fuerzas y , antes de irnos y seguir camino, nos tiramos varias fotos de este lugar donde tenemos una preciosa vista de Los Siete Picos, muy cerca. Tan cerca , tan cerca que desde allí te parecen enormes. Como se ve en la foto, estaba todo blanco, menos los pinos, que al subir las temperaturas, enseguida pierden el hielo de sus ramas.
 Este lugar es un cruce de caminos importante, allí nos incorporamos a La Carretera de La República , otro camino importante de este Valle de La Fuenfría, que es una pista de tierra ancha, que se construyó con la idea de unir Cercedilla con La Granja y Segovia en la segunda década del siglo XX cuando la república era el sistema de gobierno en España.
Pero de este lugar, también sale el Camino a Siete Picos, La Senda Herreros, La Vereda de las Encinillas que es la que nosotros traíamos, El GR-10 que durante un tramo coincide con la Carretera de la República, y muy cerca, están también los miradores de Vicente Alexandre y Luis Rosales, que son una auténtica belleza de lugares y con unos paisajes preciosos sobre Cercedilla y el Valle del Guadarrama. Además de la literatura y su historia, el mirador de los poetas es uno de los lugares más conocidos de la Sierra de Guadarrama. No me voy a extender más porque este lugar necesita una publicación especial , y hoy solo vamos de paso. Por último, también sale de aquí la  Senda Victory que baja a la Ducha de Los Alemanes. Casi nada, a cual más bonito. Desde aquí tenemos unas magníficas vistas de los Siete Picos como he dicho antes, y del Montón de Trigo entre otras muchas montañas.


En cuanto llegamos a la pradera, vimos en algunos pinos silvestres este cartelito que indica que a partir de aquí, estamos en el Parque Nacional.  Está claro que al final se quedó solo en las cumbres, pero no se siente nada especial al saber que estás en un Parque Nacional, solo es algo subjetivo, un titulillo que otorga el hombre a un lugar, para preservarle de sus congéneres. Los valores ecológicos que tiene este bosque y otros muchos de la Sierra de Guadarrama son los mismos que los que pertenecen al parque nacional, solo que unos están dentro y otros no. De este tema también habría mucho de qué hablar. Pero lo que si que te queda claro desde este lugar es que es digno de serlo,  es un lugar muy especial y con un paisaje único.
Salimos de este precioso lugar siguiendo rumbo al Puerto de la Fuenfría, por la Carretera de la República que ahora es también el GR-10. Y a partir de aquí cambió todo en la ruta. A mi personalmente siempre me han gustado mucho más los senderos de montaña que las pistas anchas como esta. Y muchas veces se piensa que por ser pistas anchas no tienen el mismo valor natural ni las misma belleza que los senderos, pero he aquí que nosotros pudimos comprobar que este camino es un precioso camino lleno de sorpresas, con una belleza increíble, y unas vistas y paisajes realmente maravillosos y espectaculares.
No habíamos dado dos pasos cuando empezamos a ver cosas maravillosas y detalles de estar en la alta montaña. La casualidad o la suerte de que la semana anterior había habido una ola de frío importante, con muy bajas temperaturas que, ya en estas altitudes, son mucho más extremas, nos dio la posibilidad de poder disfrutar de los fenómenos que nos ofrece el hielo en la montaña. La nevada por un lado, la humedad, el agua que corría por todos los lados y el frío, nos alegraron la ruta y de qué manera. A cada paso que dábamos, era más bonito el rincón en el que nos encontrábamos.  Pequeñas cascadas de arroyos espontáneos petrificadas formando  estalactitas de hielo  precipitándose sobre las rocas enormes esculpidas cuando se hizo el camino hace casi 100 años. En otros lugares, escuchabas como el agua caminaba sin cesar por debajo del hielo, formando burbujas de aire en su caminar. A pesar de dar el sol en muchas de ellas, allí permanecían, formando bellas esculturas de hielo que nos dejaron boquiabiertos de lo bonitas que eran.
Pero era en las umbrías donde más fuerte se sentían los hielos, formas increíbles, carámbanos de 2 metros, en fin una auténtica pasada de camino y de recorrido. Solo fuimos hasta la Fuente de Ruiz Velasco, justo en el momento en el que se cruza con el camino Smith, otro de los más conocidos de la Sierra de Guadarrama. Unos 3 kms que se nos pasaron volando, disfrutando al máximo del momento y de los paisajes.






Una auténtica pared de hielo en una umbría donde no daba nunca el sol... preciosa obra de la naturaleza.

































Pero como no te vas a tirar una foto en un sitio así... imposible. Feliz y contentas mis compañeras de ruta posando ante este espectacular cascada de hielo.





Como se puede ver en las fotos, no nos defraudó en absoluto este tramo del camino. Fue espectacular y muy divertido. Tanto que se nos hizo corto, y muy entretenido.  Ya llegando al final de la ruta, como no íbamos a poder llegar a ver los pinos blancos que era mi objetivo, nos relajamos un poco y dimos por bueno el día de ruta, por lo mucho que nos había regalado la naturaleza en ese día, sin esperarlo, como pasa siempre, nunca puedes saber lo que va a pasar en la montaña, y si vas con una idea preconcebida normalmente , como siempre te equivocas.
Justo antes de llegar a la fuente, pasamos por el conocido Mirador de la Reina. Desde allí se divisa una estupenda vista del Valle de la Fuenfría entero. Solo hasta ese momento, pudimos contemplar todo el valle en su máximo esplendor, y algunos paisajes sobre las montañas que nos rodeaban, todavía ensimismados con lo que habíamos visto, comenzamos a disfrutar de los paisajes abiertos.
Las cumbres de la Peña del Águila y de La Peñota se ven altivas y blancas en su vertiente norte.

 El Collado de Marichiva, donde se llega desde el Puerto de La Fuenfría cogiendo a la izquierda la Calle Alta. Detrás se intuyen las cumbres de La Mujer Muerta.

Desde la Carretera de la República, una preciosa vista panorámica del Montón de Trigo que se levanta imponente como un perfecto pico cónico parecido a un montón de arena, de tierra o de Trigo...de ahí su nombre. Aunque tiene una leyenda muy bonita por la que se explica su nombre  y por qué. Aunque ya se sabe, que las leyendas... son solo eso, leyendas. En esta foto, a la izquierda del Montón de Trigo está el Cerro Minguete, con 2000 mts de altitud. El más grande, es el M. de Trigo que tiene 2160 m. y delante a la derecha se ve el Mirador de La Reina, en las faldas del Cerro Ventoso.


Una vez en la fuente, todo nevado claro está, comimos allí el merecido bocata, en un lugar precioso lleno de nieve con el sonido del agua corriendo. Allí charlamos de lo que habíamos visto en la ruta, de lo que habíamos sentido y de otras cosas. Un momento de relax a los pies del Collado Ventoso, y con unas inmejorables vistas sobre el sexto pico de Los Siete Picos, espectacular fotografía de este pico con todo helado a su alrededor, los pinos blancos, las piedras heladas en su cara norte, y en la sur, comenzando a verse sin nieve por la exposición al sol. Después de comer, tranquilamente volvimos con nuestros pasos anteriores, ya relajados y caminando tranquilos y sin perder la concentración por que en la nieve y el hielo nunca puedes relajarte, sobre todo en la bajada. Disfrutando otra vez de lo que habíamos visto antes, desde otra mirada distinta, ya sin pararnos en ningún sitio por que si no, no llegaríamos nunca al destino final. Contemplando los cielos azules intensos de la Sierra de Guadarrama, recortando las siluetas de nuestras hermosas montañas, mientras el viento frío nos pegaba en la cara, mostrándonos que en la montaña, nada es lo que parece, y que según avanza el día,  y la luz se apaga, el frío volverá a crear de nuevo esos carámbanos de hielo que tanto nos gustan,  y que aquí, cerca del cielo y de los elementos de la naturaleza, todo puede cambiar en un segundo, y pasar del día tan estupendo que tuvimos hoy, al frío intenso y fuertes vientos de una ola polar. Esta vez tuvimos suerte, que pudimos disfrutar de todo con esta maravillosa luz, y con la nieve, el agua, el hielo y los agentes externos cumpliendo su función. Al terminar la ruta, la paz llegó a nuestras almas, orgullosos de haber estado allí y de haberlo visto, y mientras tanto, solo en una semana los embalses de la Sierra ya estaban llenos de agua, rebosantes de alegría... así son las cosas en la Sierra de Guadarrama.


...y mientras el sol caía cada vez más rápido, quise tirar la última foto a La Peñota,  con los rayos del sol reflejándose sobre los hielos de la cara norte, que se ocultan a nuestra mirada, desde la vertiente madrileña, curtida por el sol, y con sorpresa ... a su espalda.





jueves, 18 de febrero de 2016

PUEBLOS DE LA SIERRA DE GUADARRAMA NEVADOS. LOS MOLINOS, MADRID.



En estos últimos días de Febrero, hemos podido por fin disfrutar  de la nieve tan esperada en este invierno. Ya veíamos con recelo este año, poder ver nuestros pueblos nevados, e incluso nuestras montañas. En dos semanas nos hemos puesto al día, la semana pasada llovió muchísimo y nuestros ríos han mejorado su estado en tres días, y esta semana ha nevado poco, pero ha nevado en las montañas y también en nuestros pueblos. Uno que es molinero de nacimiento, se enorgullece de tener un pueblo tan bonito en el corazón de la Sierra de Guadarrama y también, por que no decirlo, de vivir en él. Además como este año la hemos pillado con ganas, en cuanto cayó el pasado lunes, fui a buscar un buen mirador para mostrar a todo el mundo la belleza que tienen nuestros pueblos serranos y en particular el nuestro. Situados todos en un sitio privilegiado, casi todos al pie de las montañas, y con mucha naturaleza todavía a pesar de las urbanizaciones de las últimas décadas, todos ellos tienen unas vistas maravillosas de la Sierra de Guadarrama y también del recién nacido Parque Nacional. En particular os diré que Los Molinos tiene más del 80 % de su territorio de naturaleza, sin edificar nada,  que está según se conoce por todo el mundo entre Cercedilla y Guadarrama, a 1045 mts de altitud y en un lugar privilegiado. En mi blog, con su título Interpretando la vida y los paisajes de la Sierra de Guadarrama, también existen los pueblos serranos, que forman parte de la Sierra desde hace siglos y que aportan siempre muchas cosas y mucha historia a este lugar tan hermoso

Si tienes una larga vida vivida entre sus calles, puedes abrir la foto y acercarla, verás como pasan por tu cabeza miles de emociones y recuerdos de tu vida al ver las casas del pueblo por donde has jugado, vivido y a veces también trabajado.

Este es el casco urbano de Los Molinos. Con sus tejados blancos y la torre de la Iglesia sobresaliendo del resto de las casas
y también el Torreón.  Toda una vida viviendo entre sus calles, donde he sido muy feliz.











martes, 16 de febrero de 2016

PAISAJES NEVADOS EN LA SIERRA DE GUADARRAMA. EN EL ALTO DEL LEÓN, SUBIENDO A CABEZA LÍJAR.

Un día cualquiera de invierno, una nevada inesperada y no muy copiosa, resultó ser un momento muy especial en este invierno  de 2016. Mucho se ha hablado del tema, porque , la verdad, yo no recuerdo un invierno con menos nieve en los casi 50 que yo tengo. El caso es que dadas las circunstancias, hay que aprovechar cualquier nevada por pequeña que sea para disfrutar de ese momento tan bonito que es verlo todo teñido de blanco. Los paisajes blancos en una montaña, son inevitables en invierno,  y también son cada vez que se producen, muy bellos y además, le dan a la montañas ese aspecto único invernal, con el que más relacionamos una montaña, sea cual sea. Dicho esto,  no me lo pensé dos  veces esta mañana para subir a algún punto alto de la Sierra,  que me acercara lo suficiente a la cota de nieve necesaria para ver lo que yo quería ver, que eran los pinos blancos con cencellada, las formas del hielo en las especies de montaña, provocadas por el viento y esa sensación de frío en la cara, que te espabila al instante.

Pino Silvestre congelado mirando al sol, escondido entre las nieblas.

El  día estaba muy desagradable ya en el llano, cuando levanté, no tenía nada claro si iba a poder hacer lo que quería. Hacía un viento muy fuerte, seguía nevando con ganas, y esperé un tiempo prudencial para que les diera tiempo a las máquinas quitanieves a limpiar las carreteras. En cuanto pude, me abrigué hasta los dientes, con doble capa en todas las partes de mi cuerpo por que tenia pinta de que iba a ser complicado el día. Como estaba tan malo, pensé que sería mejor olvidarme de los puertos más altos, del de Navacerrada y el de Cotos, y sin pensarlo dos veces, cogí el coche y probé a ver como estaba la carretera que sube al Alto del León.  Por suerte, estaba totalmente limpia y en cuarto de hora estaba en el puerto. Antes de salir del coche, ya sentía los efectos del viento en el coche, que se movía cuando estaba parado dando fuertes bandazos. Supuse que iba a ser un día complicado. Pero que demonios, si quieres ver estas cosas hay que echarle ganas, así que salí del coche y la primera sensación fue de un frío intenso, multiplicado por 3 por el viento. No había descanso y el puerto es un paso de viento siempre así que decidí salir lo antes posible de allí, buscando algún resguardo que me dejara al menos caminar.Por eso decidí ir hacia la pista que va a Peguerinos, en vez de hacia La Peñota, cuyo cordal está más pelado y el camino va por arriba, con lo cual iba a ser muy difícil avanzar y disfrutar de este día.  El primer tramo fue complicado, estaba todo helado y había muy poca nieve, el viento seguía dando fuerte, pero pronto, llegué al pinar, que estaba protegido del viento al seguir la pista orientación sur. Entonces, decidí seguir adelante porque por allí iba muy a gusto y muy bien.


Todo estaba precioso, la pista es ancha y está llena de pinos a los lados, con lo cual, la sensación de ir arropado por ellos, y protegido del viento fue maravillosa. Todos los pinos estaban blancos, y el camino impoluto, sin una huella. Todas estas sensaciones te hacen sentir feliz, lleno de paz exterior e interior, y ya se me habían olvidado todos los problemas que me rondaban la cabeza.









Seguía nevando con intensidad, y la ventisca no me dejaba ver en ocasiones, eche de menos las gafas, pero estaba todo tan bonito que no pensaba mucho en ello. El camino es de estos sugerentes que no ves nunca el final,  con el horizonte incierto y engullido por la niebla. Estuve un buen rato caminando por este idílico lugar, y las sensaciones se agolpaban en mi mente, analizando  cada momento, preguntándome que hacía allí en ese momento, y respondiéndome a mi mismo, ! no me extraña nada que esté aquí, viendo esta belleza tan inmensa de la naturaleza, de la nieve y del hielo ¡. Como lo puedo siquiera pensar...Avanzaba despacio, mirándolo todo, escuchando el silencio, sintiendo la paz que te dan los paisajes nevados, en la montaña. La nieve caída, no me impedía caminar, había tan solo unos 15 cms a lo sumo, y me sentía el rey de la montaña en ese momento. Aunque caminaba despacio, seguía avanzando sin problemas hasta que veía una imagen que me llamaba poderosamente la atención, y paraba un momento, sacaba la cámara que la tenía bien guardadita en la funda y tomaba unas cuantas fotografías para el recuerdo. Todo parecía tan sencillo, un paisaje en blanco y negro prácticamente impoluto, sentí la soledad del momento y del lugar, como algo positivo para mi y marchaba feliz.

Entonces, en el transcurso del camino que seguía que era una pista ancha, se sucedieron varios momentos espectaculares en los que me sentí pequeño en medio del camino, yo solo , sin ningún destino claro, perdido en el tiempo, pero a la vez contento de poder estar allí y poder contarlo. 

En esta foto sentí una irresistible y casi instintiva reacción de coger la cámara y plasmarla en una instantánea con mucha profundidad,  y en la que no se acierta a ver el final del camino. Estas cosas me encantan, te hacen sentir que estás viviendo un momento especial, estás de repente ante la puerta de un agujero negro, un camino sin final, que puede ser la entrada al país de las maravillas, al mundo perdido. Los propios pinos parecen tentarte con el sonido de sus ramas moviéndose con el viento, y los chasquidos que son muy abundantes, al crujir las ramas secas o heladas, por un momento te paras a pensar si entrar o no,  por otro hay como una voz que te llama, que te invita a adentrarte en esta preciosa estampa blanca, enmarcada por los pinos. Allá al fondo, qué habrá, que vendrá después de esta apoteósica entrada.



Las dudas se disipan al llegar al final, otra nueva estampa invernal preciosa,  sucedía a la anterior, no tenía fin. Estos lugares en estas condiciones, son maravillosos, no  parecen reales, y te sientes como si estuvieras en un bosque mágico, en el que no sabes a donde mirar, y mires donde mires, es todo alucinante.

Todo parecía perfecto, y yo me encontraba sumergido en este estado de contemplación , totalmente alucinado y emocionado, más bien exaltado diría yo. Pero como siempre, ocurre algo que te tiene que despertar del sueño, y te hace volver a la realidad. Casi entre sueños, me pareció escuchar el sonido de un motor  de un vehículo a mis espaldas. En un principio no le hice mucho caso, pensé que no era el mejor momento para salir a pasear con un 4x4, con todo nevado y helado, desde el principio pensé que por allí con ese viento infernal, y recién nevado no me iba a encontrar a nadie, pero claro,  nada más lejos de la realidad. Efectivamente, al poco rato, sentí a mis espaldas la llegada inminente del 4x4, no podía ser otro vehículo , tal y como estaba la pista. Con él llegó la persona que me despertó de mi precioso sueño, en es que estaba sumido. Fue un segundo, que interrumpió mi ensoñación con el medio, pero que dejó el camino marcada con las rodadas del coche, para el resto del camino, ya no iría abriendo camino ni vería más el camino sin huellas de ningún tipo. A cambio, las rodadas  también se me antojan sugerentes,  haciendo si cabe, más infinito el camino, al perder la referencia en el final del camino, sea como fuere, me fueron acompañando un rato solo, pues el despertar a la realidad, me hizo pensar por primera vez hoy, en volver.


Por primera vez miré el reloj,  y empecé a cambiar de idea sobre el camino, y me puse dos o tres veces como meta final del día, un último tramo de este.  La pista se empezó a empinar, y a quedar expuesta de nuevo a la ventolera de la ventisca al llegar a zonas más expuestas. Y aquí, la vuelta a la realidad se hizo patente, al mismo tiempo que se abría  un momento la niebla, y entraba la luz,  Recordando qué lugar podía ser ese al que estaba llegando, pensé que sería el Collado de la Mina,  que le conozco bien de otras rutas aunque aquí con el manto blanco era difícil encontrar los caminos. El tramo empinado terminó enseguida, y a pesar del frío, noté que estaba sudando, tanta ropa no te deja transpirar bien, y el ejercicio al final pasa factura. Volvió la pista a llanear de repente, y sentí que llegaba al collado,  pero resultó ser otro collado intermedio que no recuerdo su nombre, y no el que pensaba. Pero que también conocía de otras rutas. En este lugar hace no demasiado habíamos pasado para hacer la ruta Alto del León- Abantos este verano (el de 2015 claro), y era el lugar por el que se cambiaba el rumbo del sendero GR10 en dirección a Cabeza Líjar, atravesando una valla de piedra que se veía a mi derecha. Aunque desde luego el paisaje era totalmente diferente, y no se veían los picos ni ninguna referencia cercana todas ellas estaban bajo la niebla. Me situé enseguida, y busqué el camino cerca de la valla y allí encontré las marcas del camino rojas y amarillas, y otras verdes y blancas que ha marcado el pueblo de Guadarrama de su territorio.


En este lugar, la sensación fue la misma que en el Puerto, un frío intenso atravesaba el collado acompañado del viento que aquí era todavía más fuerte que el de la mañana, parecía que no hubiera transcurrido el tiempo, y la mañana estaba cada vez peor.  Este giro de nuevo al día frío e invernal, no era más que la diferencia que hay en la montaña ante la orientación de la misma. Había venido caminando por la pista al resguardo del viento como he dicho antes, y cada vez que salías al norte,  y tocabas cuerda, volvía el día a estar enrabietado. Tanto es así, que me lo pensé dos veces si seguir por este camino que era sendero y que iba más cerca de la cuerda o quedarme en el mismo que había traído desde un principio,  y bajar  por él que me aseguraba una bajada más tranquila y menos fría. A cambio, sería más larga, y cuando venía subiendo había pensado en cambiar el rumbo y meterme en el centro del pinar para disfrutar de otras cosas diferentes a las que me daba el camino que traía. Estas dudas siempre te persiguen en la montaña,  todo cambia con la nieve y el viento, y con la altitud y siempre tienes que tenerlo en cuenta. Mientras lo pensaba,  saqué de nuevo la cámara que estaba helada, como yo, y tomé un montón de fotos pues en este lugar tan expuesto, la cencellada se manifestaba en cada objeto y en cada planta,  y se mostraba preciosa en sus formas y al mismo tiempo gélida y debastadora al rodear cada rama de ellas no dejándolas ni respirar. Este hecho, siempre me hace pensar en la adaptación que tienen estas especies a la naturaleza, y al lugar en el que viven, pues estas plantas específicas de montaña soportan estas condiciones climáticas extremas cada invierno,  en la montaña Guadarrameña y aquí están siempre, a pesar de ello. Estando a unos 1700 metros, con esta irrupción de aire frío del norte, esto es normal, y la verdad que son muy interesantes todas las fotos que puedes sacar en un lugar como este.  Todo estaba helado , las ramas de los arbustos, rodeados de hielo por el efecto de la cencellada, de la niebla y el frío. En la foto se ve como una Santolina está totalmente helada por todos los lados, como lo podrá soportar. Pero claro  no era la única, las ramas de los pinos que en este paso de viento eran más dispersos y achaparrados por el viento, estaban igual, las rocas, los piornos, todo congelado.


Al final tomé la decisión de bajar por el sendero, que era diferente a lo que había visto y me apetecía sumergirme en el interior del bosque y de los pinos. La bajada por este nuevo camino, fue fulgurante, como todos los senderos de montaña, son mucho más directos y más bonitos. El camino iba serpenteando por la ladera de la montaña, entre rocas de granito que sorteaba a cada momento,  caminando entre nieve que se acumulaba en los huecos entre las rocas y las raíces. Con estas características, fue un descenso muy divertido, con más movimiento, más nieve probablemente por la acción del viento acumulándola en unos lugares y llevándoselo de otros.  La sensación es totalmente distinta de un camino ancho y más fácil de andar. El caso es que ya no recordaba apenas las fuertes sensaciones del camino anterior,  estaba ya, mirando otras cosas y viendo otras cosas, y además estos senderos necesitan de más concentración y  tienes que estar muy atento a cada paso que das para no hacerte daño metiendo el pie donde no debes. La montaña te da estas cosas, las sensaciones tan diferentes de un momento a otro,  cambia todo a cada momento, esto es lo bonito de ella, disfrutar de cada uno de ellos siempre, que es un instante fugaz que se va enseguida.
En un principio, la bajada era preciosa, no había ni una sola huella, todo blanco y recién caída la nieve. Esta sensación de pisar la nieve tu el primero, es muy gratificante, no por nada, simplemente, no está todo lleno de pisadas y de huellas humanas, que siempre dejan rastros y muchas veces indeseables.  A cada momento surge una nueva escena,  un encuadre diferente , este momento se convierte en una mirada distinta casi a cada paso que das,  tiré muchas fotos  de todo ello, que se quedan en mi recuerdo durante mucho tiempo, de rincones inolvidables, debajo de los pinos, con las ramas blancas heladas rodeándote por todos lados, son instantes maravillosos, yo tenía la idea de que bajaba despacio, entreteniéndome demasiado con las fotos y con tantas cosas e información, pero en un momento o al menos eso me pareció a mi,  me vi al lado de las antenas de los militares, en un mágico instante, en el que la luz del sol apareció de repente iluminando todas ellas. Estaba a menos de un km de el puerto, y ya cesó de nevar, los pinos estaban preciosos, y hasta los pajarillos parecían saberlo, acompañándome en mi camino de rama en rama, los carboneros revoloteaban por los pinos helados y sus ramas comiendo algo que no acierto a adivinar, estando todo hasta las acículas congeladas. Y además hasta la niebla estaba levantando, increíble como cambian las cosas en dos horas. Me lo pasé bomba, disfruté como un niño, tirando fotos y saltando por la nieve acumulada en los pequeños ventisqueros, pero no os asustéis que no voy a poner todas las fotos que tiré... sería imposible, aunque cada una  de ellas lo merezca, las guardo para mi, para siempre en mi archivo. Lo único que he echado de menos, ha sido no ir acompañado, que a mi no me gusta ir solo ni al baño, pero a veces, aunque se dice siempre y con buen criterio que esto no se debe hacer, y menos con nieve y hielo, no queda más remedio. Este para mi es un paseo fácil, y sin peligro alguno, poca nieve, poco hielo y por un sitio conocido.  Y además siempre te sirve para despejar tu mente de malos pensamientos que te ronden la cabeza. Conste que dejo muchas fotos interesantes que poner, y que me ha costado mucho elegirlas, procurando poner las que más van con el texto de lo que estoy contando, que al fin y al cabo lo que cuento, es siempre una experiencia vivida con alegría y emoción, expresada en letras y en imágenes.










jueves, 11 de febrero de 2016

FLORES DE LA SIERRA DE GUADARRAMA. PRÍMULAS O PRIMAVERAS.


Hoy, desde mi blog, comienza una nueva andadura en la que quiero hacer de este, un lugar más cercano y más sencillo. He decidido volver a escribir sobre mis fotos, como lo hago en facebook, pero de forma más personal. Y desde ya, la primera publicación será sobre una flor, una especie poco común en nuestra Sierra de Guadarrama, como lo es la Prímula o primavera. Lo es porque es una planta que necesita mucha agua y mucha humedad, y en la vertiente sur de la sierra, esto no es nada fácil por su orientación, y también por la precipitación. Tengo que decir que nunca las he visto en la zona madrileña aunque nunca se sabe, en cualquier esquina recóndita podría encontrar su sitio, pero no es nada fácil. Y os quiero contar un poco la historia tan bonita que tengo con esta especie, desde hace años. Soy una persona muy emotiva y muy efusiva, y cuando vi por primera vez una primavera en estado salvaje, me llevé una gran sorpresa y una gran alegría. Tanto fue así, que intenté traerme una de ellas aquí a Los Molinos. Yo la encontré por casualidad en un bonito pueblo de León, pueblo maragato que se llama Viforcos, dando un paseo con mi suegro, que es nativo de allí, por las praderas encharcadas que se encontraban cerca del río. Me pareció haber visto alguna flor amarilla grande entre la maleza que había entre el cauce del río, pero pensé, no creo que sea lo que estoy pensando. Seguimos un poco más caminando y enseguida vi una a mi lado, preciosa, como estas de la foto, amarillas que son las flores reales de las primaveras, de las que luego el hombre ha logrado múltiples colores en viveros, y que todos conocemos. Me hizo una ilusión tremenda verla en estado silvestre, y al caminar un poco más, estaba llena la pradera de ellas.  Las personas mayores que iban conmigo caminando, no le dieron ninguna importancia a este hecho, pero yo estaba feliz total de verlas en estado silvestre.
 Siempre me pasa lo mismo con las flores y los árboles, que yo me vuelvo loco de contento cuando las descubro por primera vez e incluso más veces, y mis acompañantes no le dan tanta importancia. Pues bien, de esto ya hace muchos años, más de 20, y no he vuelto a verlas en otro sitio en estado natural. Así que un día de primavera del año pasado, caminando por la ruta de Las Pesquerías Reales en el Bosque de Valsaín con mi mujer, en la vertiente norte de nuestra Sierra de Guadarrama, casi al final de la ruta, y mientras no teníamos ojos más que para el río Eresma, que es el protagonista absoluto de esta ruta, al llegar al último tramo pasado La Boca del Asno, en una ladera entre enormes pinos Silvestres, preciosos, me fijé en una flor amarilla de lejos que me pareció una primavera. Me acerqué a ella y cual fue mi sorpresa cuando allí estaba tan chula y tan bonita, en la ladera empinada que llegaba al río Eresma. No me lo podía creer, pero eso no fue lo mejor. Al ver una, enfoqué mejor las pupilas y empecé a buscar más. Estaba llena toda la orilla del río y la ladera empinada, y además cerca de la orilla, casi dentro del agua también las vimos, así que este fue mi encuentro casual de esta preciosa especie, la primavera, que 20 años después me encontró ella a mi por casualidad como la otra vez, y esta vez en nuestro territorio en la Sierra de Guadarrama. Me sentí feliz de haberlas visto de nuevo en su lugar natural. Como decía antes, en zonas muy húmedas y sombrías, cerca de los ríos o arroyos, donde no las de mucho el sol. 
El caso es que estas de la foto, las encontré hace unos días en el mismo lugar, a orillas del río Eresma, pero casi casi, dentro del agua, en un resguardo del cauce, donde no daba el viento. Yo sabía que allí las había, pero claro, estamos en el mes de Febrero, y no iba yo con idea de verlas en pleno invierno. Pero allí estaban, barruntando la primavera, después de un invierno muy suave y con pocas nevadas e incluso heladas. Quizás fuera por eso, o simplemente porque estaban en un lugar adecuado, donde pudieron brotar tan pronto,  pero no vi ninguna más en el resto del recorrido, y por eso me llamó tanto la atención. Y esta es la historia que tengo yo con estas preciosas y delicadas flores silvestres, que siempre me pillan despistado, por una causa o por otra, pero que siempre, me alegran el día de ruta.


sábado, 22 de marzo de 2014

LA VEREDA DE LOS NAVARROS. QUÉ PASA CON UNA VÍA PECUARIA CUANDO SE ABANDONA...





Hoy tengo ganas de hablar, y de escribir. No creáis que me da pereza hacerlo, simplemente no tengo el hábito de escribir mis cosas en el blog. Me gusta elaborarlas, y esperar su momento, pero a veces esto no ocurre nunca y creo que ya es hora...hoy toca. Dicho esto, y después de algunos artículos guardados para mejor ocasión, con ganas de escribirlos, hoy quiero contaros mis impresiones sobre un camino que llevo muchos años con ganas de recorrer, que está cerca de mi casa, en mi pueblo en Los Molinos, y que unas veces por unas cosas y otras por otras... no vi nunca el momento. Y pensaréis, y porque no le ve el momento...???. Bueno, veréis como lo entendéis. Para empezar es una Vía Pecuaria de las muchas que pasan por Los Molinos o que llegan a este municipio.

Pero, siempre que preguntaba a alguien del pueblo sobre ella, todo el mundo me decía que estaba perdida, y que salía por detrás del cementerio de Los Molinos. Incluso mi padre me habló de ella alguna vez, cuando se lo comenté, y yo la busqué en el mapa de la zona, del IGN y allí se distinguía perfectamente, pero yo no veía muy claro de donde salía, y si sabía que salía de la carretera M-622 un ramal de la Colada de Los Navarros, que es otra Vía Pecuaria que coincide en parte con el trazado de la carretera de Los Molinos a Guadarrama. Y como paso tantas veces por esta carretera, y la veo cada vez que paso, decidí indagar un poco más. El caso es que no está indicada exactamente desde ningún sitio, ni desde Guadarrama ni desde Los Molinos, desde el Cordel del Toril. En Guadarrama al menos hay un cartel informativo de Vía Pecuaria, en varios puntos cruzando la carretera.  Como por las vías pecuarias no se puede circular con vehículos a motor, y no se veía donde dejar el coche, pues nunca paré...hasta ayer, que ya se me metió en las narices buscarla sin mapas, por intuición, y por orientación. Salí de Guadarrama, en un desvío que hay a la derecha en un camino de tierra justo donde pasa un arroyo importante la carretera, en un lugar rodeado de prados y fresnedas impresionantes desde la carretera se pueden ver, y en el que hay un cartel que indica Vía Pecuaria. Seguí por ese camino buscando el otro que cruza la carretera un poco más arriba, con otra indicación de Vìa Pecuaria. Hasta aquí todo bien, con la ilusión y el nerviosismo de los días que vas sin un rumbo fijo ni claro, y la emoción de recorrer un camino nuevo , que no conoces.
Prado abandonado a su suerte, sin utilizarlo en muchos años para la ganadería
Pero enseguida empezaron los cabreos...jeje...Primero comprobé el estado deprimente de nuestras fresnedas, minadas de vayas horrorosas de telas metálicas, cuando no con palets de madera, casetas como las de los barrios marginados, con todo tipo de elementos de colores variopintos y feos, y con las instalaciones de huertos y prados muy poco cuidadas. Un sitio tan bonito, y con tanto potencial, lleno de mierda por todos los sitios, basura acumulada a los lados de los prados  y cercas, y mucha gente para ser un lugar tan aislado del pueblo. Pensé, que no era verdad lo que estaba viendo, pero estaba bien despierto.  Por fin llegué a la última instalación con coches aparcados en la entrada y con casetas y pajares por todos los lados, y de repente, se ve allí al fondo como una especie de camino entre dos vallas, encajonado  y lleno de vegetación, que parecía no llevar a ningún sitio. Y no había otro camino así que decidí intentar seguirle a ver si era ese mi camino, el que yo buscaba. En pocos metros comenzó la odisea.  Los prados estaban inundados por las fuertes lluvias de los últimos meses, y el camino, lleno de agua por todos los lados. Intenté avanzar por las orillas, pero estaban llenas de zarzas y endrinos llenos de pinchos , y me hundía entre el fango.
Mojón de la Comunidad de Madrid, a la que pertenece la jurisdicción actual
de las vías pecuarias
Dude si seguir o rendirme a las primeras de cambio, pero al parecer tenía ganas de incordiar, y decidí saltar al prado de al lado para intentar salvar el obstáculo. Había ganado a lo lejos, pero sin problemas salté la valla y empecé a avanzar en terreno encharcado y lleno de zarzas, y fresnos, y como pude anduve metiéndome hasta los tobillos de agua, unos 50 metros. Mirando a cada momento si se había acabado el pantano que había en el camino.  Enseguida vi que podía volver al camino, seguía con mucho agua, pero ya se podía ir sorteando, y al rato había una portera de palos con alambres de espino que impedía el paso. La abrí y seguí, caminando, parecía que el camino seguía y a los lados  había varias instalaciones ganaderas ya más cuidadas y con ganado para carne. Ya escuchaba de cerca la carretera, así que tras este primer tramo tan accidentado, y abandonado, llegaba al lugar por donde presuponía que iba la vereda.
Atravesé la carretera, sin vacilar y con mejor ánimo, después de este mal trago de ver mis dehesas tan mal representadas, no tiré ni una foto de la mala sensación que tuve, y además me pinché por todos los lados y también me mojé los pies. Toda una odisea. A partir de este momento, el paisaje cambió. Ya no  había chabolas por todos los sitios, ni vallas de alambre, ni instalaciones demasiado afectadas por la mano del hombre. Eran prados muy grandes, bien cuidados y con vallas preciosas de piedra colocada sin cemento y llenas de musgos y líquenes. Esto si que era campo, y dehesas verdes y llenas de fresnos en un principio pero enseguida empezaron a dominar los robles.
Charca natural en un lugar más hundido del terreno.
La vía pecuaria era ancha y no estaba en mal estado en un principio, y a unos 200 metros o 300 de la carretera me encontré con la primera sorpresa grata del día, un sitio precioso en un prado lleno de robles  y una pequeña charca, preciosa con fresnos en su interior, con su tronco engullido por el agua. El paisaje era muy hermoso y muy aislado, tenía magia con los fresnos aún desnudos, reflejándose en sus aguas limpias y quietas, en un momento volví a sonreír. En este lugar me recree un rato, y tiré muchas fotos en estos reflejos profundos de la charca y volví al camino.Al poco trecho andado, el cordel que no estoy seguro ahora mismo si es cordel o vereda, prometo comprobarlo y decirlo, dejó de ser ancho de repente, y el camino se estrechó sobremanera, con lo que es fácil imaginar que  o bien antes  o bien ahora el estrechamiento era en parte invadida la Vía Pecuaria por los prados y las vicisitudes de la historia y de la vida misma.

En este momento el camino se encontraba como en la primera foto que puse, enmarcado por preciosas vallas de piedra, e invadido por la vegetación autóctona que predomina en la zona, que poco a poco con el abandono de sus antiguos usos ganaderos trashumantes, ha ido colonizando lo que es su lugar y su terreno. Se veían en medio de la vía pecuaria numerosas encinas y bosquetes de robles o rodales que iban colonizando su espacio, el piso del Robledal. También en los lugares más húmedos había fresnos, y más adelante en el curso del arroyo, ya dentro del agua, bardagueras y zarzas.

Pero como pasa siempre en las Vías pecuarias, hay momentos en los que hay estrechamientos y otros la vía es un poco más ancha. Los prados que estaban a los lados del camino, eran preciosos, verdes, adehesados, con hermosos ejemplares de fresnos y robles. Algunos de ellos, se encontraban totalmente abandonados desde hace tiempo, y allí la vegetación natural autóctona comenzaba a repoblar sus territorios como antaño. Otros, se veía ganado pastando tranquilamente, a lo lejos, y gente haciendo sus labores de limpieza de los prados, y del robledal. Quemando ramas secas y cortando leña en este lugar especialmente hermoso y alejado de todo.
El robledal o melojar, poco a poco se va imponiendo den los prados que
se van dejando de utilizar para la ganadería.
A mi me gusto sentirme en el corazón de estos prados y dehesas, donde no había estado nunca, lejos de los prados bien comunicados que tanto conocemos en Los Molinos, tanto es así, que se veían bastantes signos de abandono, o de un lugar alejado de la civilización. Vallas semideruídas, huesos de vacuno desperdigados,  fresnos sin desmochar, y encinas y robles por el camino sin comer por el ganado en mucho tiempo. También al avanzar el camino y ver ya al fondo La Peñota, y los lugares que yo conozco de siempre se intuían y estaban cerca...quedaba poco, pero no se veía el final. Al avanzar, empecé a escuchar un fuerte estruendo de agua más violenta, cerca pasaba un arroyo más grande. Cada vez más cerca del final , otra vez el camino empezaba a encharcarse y a estrecharse, hasta que llegué a la confluencia del arroyo que escuchaba antes.
Entonces pensé en cómo le iba a atravesar, el arroyo bajaba muy caudaloso, parecía un río, y cruzaba la vereda de izquierda a derecha. Parecía haber senderitos que desembocaban en la zona en la que normalmente se cruzaría el arroyo, pero esta vez, tras las fuertes lluvias caídas, de repente desapareció el camino. Todo lo ocupaba el agua, y un pequeño paso de piedras que había las había sepultado y movido la fuerza del agua. Así que, con tantos trastos que llevaba y el calor que hacía... los dejé en una orilla y busqué como atravesar el cauce. No había manera, y yo quería atravesarlo por el camino, sin salirme de él, a los prados, y entonces comenzó un calvario para seguir este tramo. Muy difícil fue atravesarlo pero lo conseguí , con varios arañazos y golpes pero sin percances importantes, poco después mi sorpresa fue que el arroyo se dividía en dos, y uno de ellos seguía por el trazado del camino.
Todo estaba salvaje, pero precioso, con agua por todos los lados y también con cascadas pequeñas, pero muy difícil de seguir el camino, con zarzas a los lados y bardagueras, y también con endrinos. Todo lleno de pinchos, y unas pinceladas de color azul entre ellas, que no acertaba a ver bien qué flores eran. Al final en varios tramos tuve que saltar al prado, para poder seguir el trazado más adelante, y las flores azules en los prados eran mucho más abundantes, y vi que eran violetas preciosas violetas, en el campo en estado natural. Qué gozada...¡¡¡. En la temprana primavera,  en las praderas de los robledales y de las fresnedas,  comienzan a florecer algunas especies que salpican de color el verde de los prados y dehesas.
Violetas.
Y todos los años acuden a su cita a finales del mes de marzo, cuando aún resuenan los ecos del frío invierno, pero verlas en estado natural, salvajes, y preciosas es algo que no tiene precio. Uno siempre piensa que lo que dicen los libros es verdad, pero no es lo mismo leer que las hay en esta época que caminar por el campo y de repente verlas en toda una pradera.  Así, sin buscarlo, en este pequeño paseo, corto pero emotivo por lo singular del trayecto, y por la cantidad de detalles que vi , pude ver violetas, campanillas( narcisos), y narcisos de otros tipos y también margaritas y los primeros brotes de las peonias, a montones en esta zona, prácticamente, lejos de la presencia humana.
A partir de aquí, pude seguir el camino hasta el final, no sin problemas teniendo que saltar en varias ocasiones de un lado a otro del arroyo, pero enseguida, salí al Cordel del Toril, en Los Molinos, justo enfrente de las Hermanitas de los pobres donde sale un arroyo al lado de la puerta, que es el que inundó el camino, como decía al principio, muy cerca del cementerio de Los Molinos. Y esto es lo que pasó ayer en mi pequeña aventura salvaje y recóndita en un paseo por una vía pecuaria abandonada para el uso que se creó, entre los municipios de Guadarrama y Los Molinos, muy cerca de la civilización pero olvidada en el pasado del esplendor ganadero de nuestra comarca. La bajada la hice por el mismo lugar, evitando ya pasar por los mismos problemas que antes, y saltando al prado para evitarlo, bajé en poco más de una hora, al lugar donde dejé el coche. No sin antes mojarme un poco con un chubasco primaveral, y pensando en el carácter nostálgico de este camino, que me invadió durante todo el trayecto y los días posteriores...
Campanillas.

Primeros brotes de las Peonías, (dolor de cabeza como las llama mi padre)













Valla de piedra sin cemento, típica de la zona.